Sobre mí.

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Al final sólo un billete, y un adiós de andar por casa, un "qué tal", un "qué te pasa", un "no", un te quiero que no quiere o te escapas o te mueres, tu razón no es nunca "la razón".

lunes, 21 de noviembre de 2011

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Y, ¿por qué un sol? Me dijiste, tú siempre has sido más de oscuridad, de la noche, siempre pensé que si te tatuabas algo sería la luna.
Verás, relaté, pasé encerrado en la habitación, tres dias con sus tres noches, persiana bajada, metido bajo las mantas, solo veía oscuridad. Para mí no había momento de luz, nada pasaba dentro de aquél mundo paralelo que me habia creado. No sabía qué hora era. En mi agonía, empecé a pensar que el mundo había dejado de ser mundo, que había desaparecido por mi dolor, que ahora era la noche eterna, un eterno castigo a todos mis errores. Un pensamiento estúpido, ¿verdad? ¡Como si yo fuera lo único que existiera en este puto mundo! Siempre pequé de egoista, muy egoista. Acostumbrado ya a la oscuridad, moviéndome con soltura por ella, al cuarto dia, me levanté de la cama. En lugar de encender la luz, viajé diréctamente hasta mi ventana, podría decirte que cuando levanté la persiana, continuaba la oscuridad, pero mentiría. Al subirla, lo que me esperaba era el sol, cegador, mis ya poco acostumbrados ojos quedaron ciegos al momento, pasé unos minutos, largos minutos, intentando recuperar el sentido de la vista, y cuando lo conseguí, miré la calle. ¿Que el mundo había dejado de serlo? ¡Y una mierda para mi! El mundo seguía como siempre, la gente caminaba como siempre por la calle, los coches pasaban como siempre, incluso veía a mi vecina de siempre, tender tranquilamente la ropa, disfrutando del buen tiempo de aquel dia. Entonces, volvi a alzar la mirada al sol, con los ojos entrecerrados, fulminándole con la mirada, mientras en mi mente solo lo maldecía. Y bueno, inútil, ¿qué esperabas? ¿Enserio pensabas que todo iba a desaparecer porque tú sufras? Dejé reposar la frente sobre la ventana, mientras veía como mi propia respiración dejaba un círculo de vaho sobre el cristal, alcé la mano y dibujé un sol, entre tanto, una sonrisa triste asomaba por mi rostro. De ahí, mi tatuaje, me dí cuenta que aunque se nuble, el maldito sol siempre va a salir, aunque solo sea para fastidiar tu estúpida realidad.

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