Sobre mí.

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Al final sólo un billete, y un adiós de andar por casa, un "qué tal", un "qué te pasa", un "no", un te quiero que no quiere o te escapas o te mueres, tu razón no es nunca "la razón".

martes, 28 de febrero de 2012

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Te extraño. Extraño escucharte respirar, cerca, extraño notarte encajar conmigo, y sobretodo extraño mirarte. Extraño observar tu pelo negro bajar, hacer la forma del óvalo de tu cara, tu preciosa cara, esos preciosos ojos azules más vivos que cualquier cosa, fieros, expresivos, únicos. Esa nariz que se arruga cuando ríes, a conjunto con esa preciosa sonrisa que te iluminaba. Tu bonita barbilla, en perfecta armonía con la curva de tu mandíbula, antes de llegar a tu oido, donde siempre olías a ese embriagador perfume de mujer, a menudo mezclado con uno tosco de hombre. El mío. La piel de tu cuello, lisa, blanca y perfecta, alterada por marcas de mis labios, notar tu sangre a través de ella, tu dulce sangre, una de las mayores drogas que he probado, dulce, pero no demasiado, óxido, pero demasiado afrodisíaca como para alguien pueda sobrevivir sin volver a probarla. Tienes los hombros estrechos, seguidos de unos largos, y esbeltos brazos, con tu piel todavía más suave, por tu costumbre de estarla hidratando cada día, buscando que todavía me enloquezca más con ese gel de olor a coco, si llegamos a tus manos, con esos dedos largos, que saben donde tocarme, cuándo y de qué manera, asi sea haciendo la forma de mi oido con el índice, erizándome, o de arañarme con esas largas uñas, que siempre mantienes largas. Volviendo hacia arriba, están esos huesos de tu clavícula, a los que tantas veces me he entretenido en besar, marcados perfectamente, algunas veces más de lo que me gustaría, otras en sintonía perfecta. Si empezamos a bajar, me sudan las manos de imaginarlo. Me encuentro imaginando, recordando tu suave piel hasta que hace la curva de tu busto. Maravilloso... puedo recordar su firmeza, sus rosados pezones, demasiado tiernos, pero solo a simple vista. Amaba como se erizaba toda esa piel cuando la tocaba, una suave caricia por el lateral, y de repente me veía encantado pasando la mano por todos esos poros, receptivos a mis caricias. Y por supuesto, bajando un poco más, está tu estómago, completamente liso, con esa marca del piercing que llevabas en el ombligo, ¿por qué te lo quitaste? No consigo recordarlo, al igual que el del pezón, el que tanto me entretuve en curar, ¿recuerdas? Pero voy a continuar bajando. La piel de tu vientre, sigue lisa, a pesar de tus cinco niñas, perfectamente cerrada con los huesos de tu cadera. Me vuelven loco. No hace mucho tiempo, los maltrataba por choques con otros huesos (que también salían dañados) pero, ¡qué golpes señor! Verlos amoratonados, no era nada extraño, conociéndonos. La curva de tu ingle, la zona de tu entrepierna, desprovista de vello, podría pasarme mucho, mucho rato, describiéndola, recordando como en su dia, en un lateral, la marcaba una pequeña V, en su lugar seguiré bajando, y dejaré mi sentimiento con esa zona, únicamente en mis recuerdos mas íntimos. Están tus piernas, tus largas, firmes y dulces piernas. Firmes, porque tantas horas de salir a correr, hacen que cuando te aferraras con ellas no necesitabas ni que te sujetase yo, aunque lo hacía de todas formas, para tocar esa zona de detrás, en la que podía perderme horas. Mis manos encajaban ahí, como si toda la vida las estuvieran esperando. aunque creo, que tal vez eran mis manos, las que buscaban un sitio donde fijarse de esa forma. Recuerdo tus pies, me gustaba ver como engañaban, con esos horribles tacones que llevabas siempre, para verte más alta, aunque... he de admitir que cuando los conjuntabas con un precioso vestido de esos, de palabra de honor, como se te tensaban las piernas por la zona del gemelo, y como se te marcaba el cuerpo, seguramente no podría meterme con ellos. Y era gracioso ver como bajabas de altura, al quitártelos. Eres un monstruo, algo demasiado hermoso para ser real. Eres fría enfadada, y contestona, con poca paciencia, con mucho carácter, orgullosa, rencorosa, y desconfiada. Eres celosa, muy celosa y muy posesiva. No te gustan los juegos a medias, no te gusta la gente cobarde, ni tampoco la gente paranóica. No te gusta que se te acuse injustamente, no dejas que nadie hable por ti, ni dejas que te cambien. Eres demasiado sincera, no tienes término de medias verdades, si la sueltas la dices entera, tal y como la sabes, sin adornos. Eres dulce, a tu medida, como una niña pequeña, te hacen feliz las cosas más simples, como una flor distinta en medio de un campo lleno. Quien pueda llamarse "tu amigo", dicho de tus propios labios, es alguien que sin duda, es más afortunado de lo que puede llegar a pensarse. Te haces notar, tienes un "algo" que aún no he averiguado qué es, que te hace destacar, hace que te miren, y hace que quieran que les mires también. Eres apasionada, sucia en el sexo e incansable. Eres una Diosa entre simples mortales, y ¿sabes por qué? Porque no podría haber nadie tan complicado y tan insufrible como tú. No podría haber nadie tan hermoso y tan adictivo. No hay más que una tú. Me siento, asquerosamente afortunado, porque hayas marcado una línea clara en mi vida, en lo que yo conocia por "amar" y lo que ahora sé que es. Después de todo ésto, ¿cómo no echarte de menos? Lo sorprendente esque siga vivo sin ti, ahora mismo. Vaya vaya.. Tras todo ésto, sólo puedo decir que, estoy enamorado, ¿qué le voy a hacer? Tu recuerdo, me embriaga.

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