Duro y palpitante, con todo el cuerpo en tensión por culpa del ansia imparable que me recorre de pies a cabeza como una adictiva droga. Lo que ansío es alargar la mano y arrancarte la ropa que lleves puesta, empujarte contra la pared y sumergirme en las dulces y cálidas profundidades de tu sexo.
Y Dios es testigo de lo que te deseo, de tal manera que mi cuerpo puede llegar a arder de la necesidad. ¡Esta mujer de uno sesenta y poco es capaz de hacerme estallar como un polvorín! Esto es lo que me provocas. Me sacas de quicio de tal manera que no hay nada que pueda hacer por impedirlo. Me inundas la sangre como un veneno, como una potente droga que me priva de mi autocontrol y mi orgullo. Te deseo. Quiero follarte una y otra vez, hasta que no importe nada más. Hasta que tú seas lo único que exista. Hasta olvidar éstos dias pasados y las pesadillas.


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