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Al final sólo un billete, y un adiós de andar por casa, un "qué tal", un "qué te pasa", un "no", un te quiero que no quiere o te escapas o te mueres, tu razón no es nunca "la razón".

martes, 24 de enero de 2012

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Extraño la infancia, extraño la época que tu mayor preocupación, era llegar temprano a clase para poder jugar un rato frente a la puerta de clase, o fuera del propio colegio. Que tu mayor reto era aprender aquellas intermenables y aburridas partes de una planta, o unas tontas tablas de multiplicar que tenías que recitar tipo canción al unísono con el resto de la clase. Que tu mayor logro era que en el recreo te eligiesen de los primeros para formar un equipo de fútbol, poniéndote orgulloso al lado de tu amigo y soltar el típico "os vamos a machacar". Que hacer amigos era tan fácil como acercarte a cualquier otro niño, decir un "¿quieres jugar conmigo?" y que los dias siguientes ya fuérais inseparables. Que arreglar problemas era aveces tan sencillo como que tu madre te llevase de la oreja, después de haberte dado un tortazo en el culo, para que le pidieses perdón. Que te diera asco ver a tus padres besarse, te quejaras del molesto sonidito que hacían al separarse, y que te diera aun más asco escuchar la frase de "cuanto tú lo pruebes verás que no te dará tanto asco". Que el mayor enfado que cojas es porque no te dejen quedarte más rato en el parque, y grites, y patalees pidiendo cinco minutos más para seguir jugando. Y que todo desapareciera por la noche, para solo quedar el cansancio de todo lo que habías jugado, te acostases en la cama, y a la mañana siguiente estuvieras listo para otro nuevo dia. Aveces me gustaría, tal vez no volver a tener la facilidad en todo, pero si poder acostarme y olvidar todo lo que haya pasado el dia anterior.

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